POEMA -CUENTO
En
un lugar que tal vez mencione en algún verso,
latía
un corazón enorme y salvaje,
oculto
dentro en un pequeño universo.
Mientras
palpitaba en su viaje,
se
emocionaba con las nubes,
con
los mares, con el cielo,
con
los bosques azules
de
árboles de luces y cuentos.
Admiraba
las montañas
y
los caminos inciertos,
adoraba
las sonrisas
que
brillaban en el firmamento.
Era
su mundo la belleza
del
reflejo de sus sueños,
era
todo enormemente
grande
y a la vez tan pequeño.
Tan
pequeño como él,
un
corazón contento
de
mirada color laurel
y
del amor muy experto
y
de abrazos intensos también.
Nuestro
amigo era amable
con
todo lo que existía,
plantas,
flores, animales,
eran
siempre magia y poesía.
Un
día por el horizonte
llegó
una tremenda bruma
tapando
todos los montes,
desdibujando
a la luna.
Y
una tristeza gigante
fue
destrozando poemas,
borrando
letras errantes,
creando
miedo y dilemas.
Su
voluntad era mostrarle
el
temor, la vanidad,
y
hacerle sentir cobarde,
destruyendo
la bondad
para
dejar de ser afable.
El
corazón lloraba brisas
entrelazándose
inquietas,
deslizándose
a toda prisa
para
colarse por las grietas
de
la niebla espesa y lisa.
Y
cada lágrima al brotar,
siendo
aura genuina,
se
fue elevando para volar
cuan
gota suave y cristalina,
para
convertirse sin más
en
mariposas exquisitas
que
relucían al compás
de
una música divina...
En
la danza de aleteos
se
difuminaba la niebla,
y
una luz intensa de reflejos
se
extendía por la Tierra.
Regresó
el lucero nocturno,
y
el sol, y las aves también,
se
esfumó todo aquel humo
que
nublaba el amanecer...
Y
es que tener tanto amor
para
regalarles a todos,
le
otorgó al corazón
amistad,
fuerza y tesón.
La
alegría y la paz son el modo,
de
ser magia y tener el don,
de
crear hadas, o gnomos,
con
la melodía de su voz.
No
hizo falta una espada,
ni
una guerra, ni un dolor,
para
lograr vencer la plaga
de
oscuridad y de temor.
Fue
su arma la cortesía,
el
poema y la canción,
y
el planeta ahora respira
y
danza al ritmo del corazón.
Arael
Elämä...
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